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La gran diferencia entre vino Tinto o Blanco.

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¿Tinto o Blanco? La gran diferencia.

Cuantas veces a la hora de elegir el vino, escuchamos que alguien dice “Yo solo tomo tinto”, o “A mí el blanco me hace doler la cabeza”, o “los rosados son para las mujeres”. Estas frases son solo algunos ejemplos de la relación de muchos consumidores con el vino. ¿Y quién se animaría a descalificarlas?, si ante todo, cada uno es dueño de tomar lo que más le guste.
La diversidad es lo que me fascina del mundo del vino. Es tan subjetivo que lo primero que me surge es el respeto por la elección del otro, sepa o no de vinos. En última instancia solo hace falta preguntarse ¿Quién lo paga? ¿Me gusta o no me gusta?. Hasta aquí todo bien, ahora en mi experiencia como educadora en vinos también he podido comprobar que cuanto más sepamos de vino, más fácil en detectar que estilo nos gusta más, que etiquetas entran en ese estilo, y hasta me animo a decir, que muchos van cambiando sus gustos y preferencias a medida que avanzan en el conocimiento.
Anabella ALcuaz En esta nota señalaré conceptos generales, ya que en el mundo del vino casi todo tiene una excepción

 

 

Para los que “Solo toman tinto”
Aparte de la obvia diferencia de color, en general los vinos tintos tienen mayor estructura que los vinos blancos, y menor acidez. Esto se debe a la presencia de un componente muy importante, que marca la gran diferencia entre tintos y blancos: los taninos. Muchos se preguntarán si alguna vez se cruzaron con ellos. Les paso una prueba muy sencilla para detectarlos. Hagan un te negro bien cargado, y mejor si lo prueban cuando se enfría. Allí sentirán una textura áspera en la lengua y las encías, y un amargor al tragarlo (O escupirlo!). He aquí los famosos taninos, que también aparecen en los vinos tintos. Si están maduros, le agregan textura, estructura, longevidad. Si están verdes, aparecerá en el vino esa textura áspera y amargor.

En términos generales, los vinos tintos suelen tener un nivel de acidez menor que los vinos blancos, y esto a veces también es un factor de diferencia.

Hay muchos paladares que son sensibles a los ácidos, y que prefieren consumir comidas y bebidas más amables.

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A los que sí les gusta el vino blanco
Los vinos blancos secos pueden ser de estilos diferentes. Los que están hechos con variedades de uvas relativamente neutras, como la Chardonnay. Un vino blanco seco a base de Chardonnay puede ser neutro, fácil de beber, frutado y de cuerpo medio, pero también puede estar elaborado con crianza en barrica de roble. Este vino va a tener las notas que le proporciona su paso por madera, como la vainilla y canela, que lo hacen más complejo y con mayor cuerpo.

Al otro lado del espectro se encuentran los vinos blancos elaborados con variedades de uva aromáticas, como la Torrontés y la Sauvignon Blanc. Estos vinos tienen mucha presencia de aromas en la nariz, que pueden variar entre los florales, cítricos, herbáceos, y frutas tropicales.

En general las variedades destinadas a vinos blancos se cosechan antes que las tintas, con menor grado de madurez y en consecuencia los vinos tienen mayor nivel de acidez. Como estos vinos no tienen taninos que los protejan de la oxidación, suelen ser más frágiles. Se los protege agregándoles una capa de anhídrido sulfuroso en la línea de embotellado. Si bien este antiséptico y antioxidante se agrega tanto a blancos como a tintos, las cantidades son mayores en los vinos blancos. Algunas personas son alérgicas al sulfuroso, y eso podría explicar el malestar que les causa el vino blanco.
Los rosados, a mitad de camino
Los vinos rosados se elaboran a partir de variedades tintas. Como su nombre lo indica, tienen distintas tonalidades de color rosado, diferencia que guarda relación con las horas de maceración del jugo con las pieles de la uva que le aportan el color. Cuanto más tiempo en contacto con las pieles, más profundo será el color del vino rosado. Las uvas se cosechan con un grado de madurez menor que si estuvieran destinadas a un vino tinto.

Por estos motivos, los vinos rosados comparten con los blancos la sensación de frescura que producen en el paladar.

Tienen un buen nivel de acidez, y se beber frescos, al igual que los blancos, Pero también tienen taninos, aunque en menor cantidad que un vino tinto. Tienen atractivos aromas a frutas rojas, algún cítrico y son ideales para acompañar picadas de quesos y fiambres, o ensaladas frugales en el verano.

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Blanco, tinto o rosado, cualquiera sea su elección, lo más importante es disfrutarlo y poder compartirlo en familia o con amigos. Si hay por allí un rico plato de comida, mejor todavía. La excusa para reunirse es lo más fácil de conseguir.
¡Salud!

 

 

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